Tanto androide suelto le juega en contra a la tecnología. Cada vez hay más fanáticos y devotos de los adelantos tecnológicos que transforman a estos seres en especímenes despreciables.
¿De quienes estoy hablando? De esos pelotudos que le nombrás iPhone y se empiezan a tocar sus partes con cara de vicio. De esos que le decis 64 bits y ponen ojos de orgasmo. De todos esos nerds del culo que se maravillan ante tanta gilada. Que el celular con cámara de 10 megapikachus, que el LCD (Larva de Cerebro Deficiente) de no se cuantas pulgadas, que la heladera que se tira pedos de colores y la cafetera que lanza misiles.
Me tienen harto con el monitor chato, con el teléfono nuclear y con toda la pavada que le venden a la gilada. Lo peor son aquellos que se emocionan ante avances tecnológicos totalmente nerds. Por ejemplo: "Ah, porque Microsoft sacó un framework que te permite utilizar generics con acceso directo a memoria, boludo! ¿Sabés lo que es eso? Podés usar colecciones genéricas con cache unicode... ahhh re groso... me muero, boludo, me muero".
¡Si! Morite hijo de mil putas antes que te reproduzcas y sigas poblando al mundo de cerebros fritos como el tuyo. Vayan al campo, salgan a jugar a la pelota, siéntense en una reposera al lado del río un rato, mutantes del orto. Eso si, apaguen el celular...
viernes, 30 de noviembre de 2007
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Confrontaciones Costosas
Este artículo lo encontré por ahí. Es muy interesante, y un maestro el organizador de la subasta!
En 1971, Martin Shubik, matemático de la Universidad de Yale publicó un artículo sobre un tipo de subasta que denominó el juego del dólar. Pesificación mediante, describiré el juego para el caso de un billete de 100 pesos que se pone en oferta ante varias personas, con apuestas mínimas de cinco pesos. El que ofrezca más, paga y se queda con el billete como en una subasta tradicional. Pero a los efectos de analizar cierta racionalidad particular, Shubik incorporó un regla especial: el que queda segundo pagará el monto que ofreció sin recibir nada a cambio.
Se realizaron experiencias tanto en reuniones sociales como en experimentos psicológicos bien diseñados. Shubik detecta tres momentos clave durante el juego. El primero ocurre cuando los individuos evalúan si tiene sentido participar o no. Aquí está claro que el incentivo de llevarse un billete de 100 pesos por pocas decenas es superior al costo de quedar segundo y pagar por lo apostado. Ello impulsa a varios actores a comenzar la puja. El segundo momento crítico del juego ocurre cuando las apuestas se acercan a los 50 pesos. En esta instancia suelen quedar sólo dos jugadores que pujan hasta el final. Aquí comienza a equilibrarse el incentivo a ganar 100 pesos por menos de la mitad contra la penalización de perder 40 o 50 pesos sin obtener nada a cambio. Esto lleva a desertar al resto de los apostadores.
Imaginemos el momento en que las apuestas se aproximan a los 100 pesos. ¿Qué creen que ocurrirá? ¿Cuál será el máximo a ofrecer por un billete de 100 pesos? Parece lógico suponer que todo termina cuando algún apostador ofrezca 100 pesos por un billete de 100 pesos. ¿O puede ser lógico pensar que alguien ofrezca más de 100 pesos por algo que vale 100 pesos?
En el juego de Shubik, el tercer momento se desencadena cuando las apuestas comienzan a superar los 100 pesos... A partir de allí, la pulseada se torna irracional. El que ofrece 100 pesos razona que es lo máximo que puede llegar a pagar por un billete de 100, pero su oponente no está dispuesto a tener que pagar 95 pesos por quedar segundo, por lo que tiene incentivos para ofrecer 105 pesos por un billete de 100 pesos. El costo adicional de cinco pesos compensa la pérdida de 95 pesos que sufriría si no mejorara su apuesta. Esta "racionalidad" también es compartida por su contrincante, que encuentra motivos para ofrecer 110 pesos y escapar de la pérdida de 100 pesos. Imaginemos a terceros observando esta disputa irracional. ¿Cuál será el precio límite de esta confrontación?
Las comprobaciones de Shubik señalaron que, para llevarse el billete de 100 pesos, ciertos "ganadores" terminan pagando en promedio ¡340 pesos por cada billete de 100 pesos! ¿Cómo puede entenderse semejante irracionalidad? En rigor de verdad, no hay ganadores. Ambos pierden. El que quedó segundo, porque desembolsa 335 pesos por nada, y el primero, porque pierde 240 pesos, ya que paga 340 por algo que vale 100. Es decir, entre ambos contendientes despilfarran 575 pesos por el hecho de confrontar al límite.
Cuando lo que está en juego no es un billete, sino otros aspectos más complejos de la realidad y los que intervienen lo hacen con la lógica descripta por la regla especial de Shubik, pierde la sociedad toda y emerge el riesgo de un despilfarro institucional.
En los experimentos de Shubik, la mayoría de los apostadores manifestaron que sus oponentes se habían vuelto locos luego de superar los 100 pesos, encontrando paradójicamente racional su propio comportamiento. Estos jugadores raramente aprendieron de sus errores, ya que cuando participaron nuevamente de otro juego volvieron a caer en la trampa del espiral de pujas. Explicaron su comportamiento expresando que lo que está en juego sobre el final ya no es sólo económico, sino de otra índole: sensaciones competitivas, emocionales o de principios, el orgullo o el honor de no perder.
En el caso de buena parte de las confrontaciones políticas, la regla de Shubik opera de un modo dual. En el arranque, el oportunismo de obtener grandes réditos políticos induce la temprana intervención en la pulseada. Sobre el final, lo que está en juego se dirime entre la disposición a no ceder ante íntimas convicciones o bien, cierta aversión a pagar costos políticos.
En 1971, se pensó que este experimento era un intento de Shubik por llamar la atención a raíz de la escalada bélica y la permanencia de las tropas estadounidenses en Vietnam, a pesar de los crecientes costos materiales y humanos. Sin embargo, el verdadero interés de Shubik estaba orientado a descubrir un fundamento teórico para las conductas de la adicción. ¿Será esto lo que anida detrás del poder?
Algunos han sintetizado el lema que guía a los actores en estas apuestas extremas: "demasiado en juego para abandonar". Cuando esta racionalidad se apodera de los gobernantes, es tanto lo que se juega que deberíamos reclamar que impere el criterio de "demasiado en juego para seguir confrontando".
El fenómeno del juego del dólar es más común de lo que podría imaginarse. Hay ejemplos memorables. La fabricación del avión Concorde llevó a que se gastara siete veces más de lo presupuestado, ya que los gobiernos británico y francés se fueron involucrando cada vez más en un proyecto que, inexorablemente, iba a resultar deficitario. Hubiera sido más provechoso interrumpir la construcción apenas se dispararon los costos. Hoy el Concorde ha dejado de volar. ¿A qué costo?
El juego admite otras soluciones menos costosas. Por ejemplo, un único apostador que ofrezca 100 pesos la primera vez. Esto disuade a los otros de participar, ya que elimina las expectativas iniciales de obtener el billete por pocos pesos y, por otra parte, fija de entrada un precio demasiado alto para perder. La decisión de un presidente con respaldo popular de embarcarse en su reelección suele disuadir a otros candidatos de su propio partido de competir por dicha candidatura.
Existe otra solución: el acuerdo entre apostadores. Cuando las apuestas se aproximan a los 50 pesos y quedan dos jugadores, la suma de lo que ambos ofrecen es menor a 100 pesos. Ambos tienen incentivos para detener la puja y establecer algún mecanismo de reparto del rédito común. Este tipo de disputas en la que la sangre no llega al río es muy común en la lucha política entre dos liderazgos fuertes.
En 1971, Martin Shubik, matemático de la Universidad de Yale publicó un artículo sobre un tipo de subasta que denominó el juego del dólar. Pesificación mediante, describiré el juego para el caso de un billete de 100 pesos que se pone en oferta ante varias personas, con apuestas mínimas de cinco pesos. El que ofrezca más, paga y se queda con el billete como en una subasta tradicional. Pero a los efectos de analizar cierta racionalidad particular, Shubik incorporó un regla especial: el que queda segundo pagará el monto que ofreció sin recibir nada a cambio.
Se realizaron experiencias tanto en reuniones sociales como en experimentos psicológicos bien diseñados. Shubik detecta tres momentos clave durante el juego. El primero ocurre cuando los individuos evalúan si tiene sentido participar o no. Aquí está claro que el incentivo de llevarse un billete de 100 pesos por pocas decenas es superior al costo de quedar segundo y pagar por lo apostado. Ello impulsa a varios actores a comenzar la puja. El segundo momento crítico del juego ocurre cuando las apuestas se acercan a los 50 pesos. En esta instancia suelen quedar sólo dos jugadores que pujan hasta el final. Aquí comienza a equilibrarse el incentivo a ganar 100 pesos por menos de la mitad contra la penalización de perder 40 o 50 pesos sin obtener nada a cambio. Esto lleva a desertar al resto de los apostadores.
Imaginemos el momento en que las apuestas se aproximan a los 100 pesos. ¿Qué creen que ocurrirá? ¿Cuál será el máximo a ofrecer por un billete de 100 pesos? Parece lógico suponer que todo termina cuando algún apostador ofrezca 100 pesos por un billete de 100 pesos. ¿O puede ser lógico pensar que alguien ofrezca más de 100 pesos por algo que vale 100 pesos?
En el juego de Shubik, el tercer momento se desencadena cuando las apuestas comienzan a superar los 100 pesos... A partir de allí, la pulseada se torna irracional. El que ofrece 100 pesos razona que es lo máximo que puede llegar a pagar por un billete de 100, pero su oponente no está dispuesto a tener que pagar 95 pesos por quedar segundo, por lo que tiene incentivos para ofrecer 105 pesos por un billete de 100 pesos. El costo adicional de cinco pesos compensa la pérdida de 95 pesos que sufriría si no mejorara su apuesta. Esta "racionalidad" también es compartida por su contrincante, que encuentra motivos para ofrecer 110 pesos y escapar de la pérdida de 100 pesos. Imaginemos a terceros observando esta disputa irracional. ¿Cuál será el precio límite de esta confrontación?
Las comprobaciones de Shubik señalaron que, para llevarse el billete de 100 pesos, ciertos "ganadores" terminan pagando en promedio ¡340 pesos por cada billete de 100 pesos! ¿Cómo puede entenderse semejante irracionalidad? En rigor de verdad, no hay ganadores. Ambos pierden. El que quedó segundo, porque desembolsa 335 pesos por nada, y el primero, porque pierde 240 pesos, ya que paga 340 por algo que vale 100. Es decir, entre ambos contendientes despilfarran 575 pesos por el hecho de confrontar al límite.
Cuando lo que está en juego no es un billete, sino otros aspectos más complejos de la realidad y los que intervienen lo hacen con la lógica descripta por la regla especial de Shubik, pierde la sociedad toda y emerge el riesgo de un despilfarro institucional.
En los experimentos de Shubik, la mayoría de los apostadores manifestaron que sus oponentes se habían vuelto locos luego de superar los 100 pesos, encontrando paradójicamente racional su propio comportamiento. Estos jugadores raramente aprendieron de sus errores, ya que cuando participaron nuevamente de otro juego volvieron a caer en la trampa del espiral de pujas. Explicaron su comportamiento expresando que lo que está en juego sobre el final ya no es sólo económico, sino de otra índole: sensaciones competitivas, emocionales o de principios, el orgullo o el honor de no perder.
En el caso de buena parte de las confrontaciones políticas, la regla de Shubik opera de un modo dual. En el arranque, el oportunismo de obtener grandes réditos políticos induce la temprana intervención en la pulseada. Sobre el final, lo que está en juego se dirime entre la disposición a no ceder ante íntimas convicciones o bien, cierta aversión a pagar costos políticos.
En 1971, se pensó que este experimento era un intento de Shubik por llamar la atención a raíz de la escalada bélica y la permanencia de las tropas estadounidenses en Vietnam, a pesar de los crecientes costos materiales y humanos. Sin embargo, el verdadero interés de Shubik estaba orientado a descubrir un fundamento teórico para las conductas de la adicción. ¿Será esto lo que anida detrás del poder?
Algunos han sintetizado el lema que guía a los actores en estas apuestas extremas: "demasiado en juego para abandonar". Cuando esta racionalidad se apodera de los gobernantes, es tanto lo que se juega que deberíamos reclamar que impere el criterio de "demasiado en juego para seguir confrontando".
El fenómeno del juego del dólar es más común de lo que podría imaginarse. Hay ejemplos memorables. La fabricación del avión Concorde llevó a que se gastara siete veces más de lo presupuestado, ya que los gobiernos británico y francés se fueron involucrando cada vez más en un proyecto que, inexorablemente, iba a resultar deficitario. Hubiera sido más provechoso interrumpir la construcción apenas se dispararon los costos. Hoy el Concorde ha dejado de volar. ¿A qué costo?
El juego admite otras soluciones menos costosas. Por ejemplo, un único apostador que ofrezca 100 pesos la primera vez. Esto disuade a los otros de participar, ya que elimina las expectativas iniciales de obtener el billete por pocos pesos y, por otra parte, fija de entrada un precio demasiado alto para perder. La decisión de un presidente con respaldo popular de embarcarse en su reelección suele disuadir a otros candidatos de su propio partido de competir por dicha candidatura.
Existe otra solución: el acuerdo entre apostadores. Cuando las apuestas se aproximan a los 50 pesos y quedan dos jugadores, la suma de lo que ambos ofrecen es menor a 100 pesos. Ambos tienen incentivos para detener la puja y establecer algún mecanismo de reparto del rédito común. Este tipo de disputas en la que la sangre no llega al río es muy común en la lucha política entre dos liderazgos fuertes.
sábado, 17 de noviembre de 2007
Mi familia en el Box
Es de cuarta. Si, señores. Es de puto, trola, putañera y comechingón tener fotos de la familia en el box de la oficina. Tenés un puesto de trabajo pedorro, un cachito de caballete con una pc del orto y ¿venís a poner portarretratos de la flia? Inaceptable.
Se aceptan dibujos hechos por los hijos, fotos del equipo de fútbol, almanaques y menúes de "deliverys". Pero fotos de los hijos no. Y fotos de la esposa, esposo, novia, novio, tampoco es aceptado. ¿Porqué ponés una foto de tu familia? ¿La extrañás? Si la extrañás tanto quedate en tu casa hijo/a de mil putas.
Un agravante, es tener una foto de sus hijos con comentarios en inglés. Oh my God! Eso si que es deplorable. Hay una colega que tiene la foto del hijo con escrituras en el idioma del norte. Siempre que paso por el box tengo la tentación de agarrar el matafuego y darle con todo en la nuca.
Pero para que vean que no soy tan estricto, las fotos de la familia y/o hijos están permitidas para aquellas personas que posean oficina propia (jefes, gerentes, etc). Esto tiene una explicación. Si uno tiene una oficina con semejante escritorio, semejante archivo y semejante espacio... con algo hay que llenarlo, ¿no?
Se aceptan dibujos hechos por los hijos, fotos del equipo de fútbol, almanaques y menúes de "deliverys". Pero fotos de los hijos no. Y fotos de la esposa, esposo, novia, novio, tampoco es aceptado. ¿Porqué ponés una foto de tu familia? ¿La extrañás? Si la extrañás tanto quedate en tu casa hijo/a de mil putas.
Un agravante, es tener una foto de sus hijos con comentarios en inglés. Oh my God! Eso si que es deplorable. Hay una colega que tiene la foto del hijo con escrituras en el idioma del norte. Siempre que paso por el box tengo la tentación de agarrar el matafuego y darle con todo en la nuca.
Pero para que vean que no soy tan estricto, las fotos de la familia y/o hijos están permitidas para aquellas personas que posean oficina propia (jefes, gerentes, etc). Esto tiene una explicación. Si uno tiene una oficina con semejante escritorio, semejante archivo y semejante espacio... con algo hay que llenarlo, ¿no?
Teléfono Público
En un post anterior hablaba acerca de las entrevistas laborales. Los trabajadores nos vemos sometidos a tres entrevistas (si no más) muy exhaustivas. De esta manera, el empleador se asegura de que el recurso buscado sea alguien eficiente, capaz, inteligente, competente, etc.
Sin ambargo, siempre se les escapa la tortuga. El otro día, a eso de las 9:30 de la mañana, estaba en la oficina hablando por teléfono. Por supuesto que con una persona en la otra punta del planeta, ya que estas empresas globalizadas hacen ese tipo de giladas. Resulta que llega un colega, que se sienta cerca mío. Prende el "speaker" del teléfono asique se escuchaba "TUUUUU" en todo el piso. "PI PI PI PI" se escuchaba que marcaba. "Welcome to you voice mailbox"... Si si... el idiota mental escuchó sus mensajes a todo lo que dá para que todo el piso lo escuche. Y con la voz seductora de la locutora en inglés...
Yo a duras penas podía concentrarme en mi conversación, un poco por lo molesto de escuchar las pavadas que recibía este en su contestador y otro poco porque tenía que contenerme de arrojarle un objeto contundente en la cabeza, hasta que salga masa encefálica.
Me parece que la próxima vez que haga eso, como no usa el tubo, se lo puedo meter por el... "TU TUUU TUUUU TUUU".
Sin ambargo, siempre se les escapa la tortuga. El otro día, a eso de las 9:30 de la mañana, estaba en la oficina hablando por teléfono. Por supuesto que con una persona en la otra punta del planeta, ya que estas empresas globalizadas hacen ese tipo de giladas. Resulta que llega un colega, que se sienta cerca mío. Prende el "speaker" del teléfono asique se escuchaba "TUUUUU" en todo el piso. "PI PI PI PI" se escuchaba que marcaba. "Welcome to you voice mailbox"... Si si... el idiota mental escuchó sus mensajes a todo lo que dá para que todo el piso lo escuche. Y con la voz seductora de la locutora en inglés...
Yo a duras penas podía concentrarme en mi conversación, un poco por lo molesto de escuchar las pavadas que recibía este en su contestador y otro poco porque tenía que contenerme de arrojarle un objeto contundente en la cabeza, hasta que salga masa encefálica.
Me parece que la próxima vez que haga eso, como no usa el tubo, se lo puedo meter por el... "TU TUUU TUUUU TUUU".
Puma, un mensaje para vos
El otro día vi esta publicidad en el subte...

Como no se ve bien, les transcribo lo que dice: "Introducing the cell katipo featuring spidercell cushioning technology".
Este mensaje es para vos, Puma: Andate a la re concha de tu vieja en tanga, ¡hijo de puta!
De más está decir que no pienso comprar un producto de estos imbéciles.
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