miércoles, 28 de mayo de 2008

Estereotipos Subterráneos

Son pocos los ¿privilegiados? que pueden viajar en auto hasta el trabajo. El resto utiliza tren, subte, colectivo. En mi caso utilizo el subterráneo y, de tanto viajar en él, ya pude identificar distintos tipos de personajes que allí encontramos.

El Mochilero: este pelotudo, suele ser una persona de sexo masculino entre 20 y 30 años. El mochilero del orto, en vez de sacarse la mochila y apoyarla en el piso entre sus piernas, se la deja en su espalda. De esta manera reduce sensiblemente el espacio y "golpea" al resto del ganado con su mochila sin siquiera chistarse.

El Sin Manos: en este caso nuevamente volvemos a tener fuerte tendencia masculina. El target es más amplio y se extiende hasta los 50 años. Estos personajes suelen viajar con las piernas bastante abiertas (para poder hacer equilibro) y en sus manos sostienen un libro o diario. Nota importante: lo sostienen con las dos manos de manera de no aferrarse a ningún posamanos. Estos acróbatas de alcantarilla tienen la puta costumbre de aplicar el freno a hombro que consiste en "apoyarse" en la persona que está al lado cuando el tren va frenando su marcha. El otro día me tocó al lado un "Sin Manos" avanzado ya que, en lugar de leer, llevaba una birome e iba completando Sudokus. A la altura de Scalabrini Ortiz ya me hinchó un poco las bolas de manera que cuando el subte frenó hice un rápido movimiento hacia adelante y el pelotudito mental se fue a la re mierda, casi se mata.

La Vieja Atleta: suelen ser mujeres por arriba de los 50. A veces tienen más de 70. Entran a los codazos, se matan por un lugar y, si están paradas, cuando ven un lugar libre son capaces de correr 30 metros en menos de 3 segundos para sentarse a toda prisa.

Business Women: suelen ser mujeres entre 25 y 35 años. Estas mujeres suelen sentarse en el asiento más próximo a la puerta. Cuando sube un viejito o una mujer embarazada, simplemente la miran y la ignoran, volviendo su vista al documento legal que están leyendo o al ámbito financiero. Ni siquiera miran al hombre que tienen al lado como para meterle presión para ceder el asiento. Directamente ni se inmutan. Nota: Este caso también aplica para la estudiante o la lectora de Coelho.

Se me va el subte, me voy corriendo porque hay una vieja que me quiere dormir. ¡Hasta la próxima!

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